
Derechización de Morena: expectativas y decepciones
La cúpula de Morena creó grandes expectativas más allá de la militancia; sus resultados no fueron parte de un proceso interno discreto y terminó por decepcionar a los simpatizantes, dando armas a la oposición.
Desde la designación de la egresada del ITAM, Beatriz Mojica, licenciada en administración de empresas, hasta la imposición de Verónica Díaz, pasando por los nombramientos de Michoacán, cuyo coordinador debió renunciar antes de concursar por el cargo y no después. Pareciera que los gobernadores escogieron sus sucesores para que les cubrieran las espaldas y no a la militancia.
Anteriormente, el presidente de la República designaba los candidatos a las gubernaturas. La Presidenta dejó en libertad al partido para elegir, de la manera más democrática posible, a los coordinadores, que posteriormente podrían convertirse en candidatos; no necesariamente serían candidatos, según advertencia de Ariadna Montiel.
Ahora pareciera no sólo que la selección de candidatos está en manos de Monreal, sino que se hace de los deseos personales una candidatura sin coordinación primero, ni candidatura después, porque en el caso de Citlalli Hernández, como candidata a la alcaldía de Cuauhtémoc, que tiene un presupuesto similar al de una entidad federativa, refleja autoritarismo y no democracia interna. Luego va a querer la jefatura de Gobierno, sin consulta ni encuesta ni nada.
En Zacatecas, en lugar de disminuir la influencia de los Monreal, la fortaleció hasta dejarles el mando del movimiento, como si una mano oculta designara a la coordinadora, que debe llegar a ser candidata. Los dos primeros lugares de la encuesta, José Narro Céspedes y Ulises Mejía, piden revisión del proceso de elección. ¿Cómo pedir unidad cuando es la cúpula del partido la que divide?
En Guerrero, en cuanto fue dado a conocer el nombre de Beatriz Mojica, las redes se vieron plagadas de fotos de la coordinadora con Ricardo Anaya y Xóchitl Gálvez, afirmando que López Obrador era impositivo en entrevistas.
Cuando la desbandada de obradoristas abandonó el PRD, Mojica no sólo se quedó como parte de la podredumbre que llevó al suicidio electoral a ese partido, sino que arremetió contra quienes habían salido, tratando de justificar su cercanía con el actual dirigente de Somos, Guadalupe Acosta Naranjo, cuya honradez está en tela de juicio desde esos años.
La izquierda en México se diluye dentro del partido en el poder y, lejos de que sus dirigentes sean personas que, en su momento, aportaron algo al país, su mérito es un trabajo de mediana calidad en la burocracia.
Debe considerarse como parte del montaje un llamado de atención en público totalmente mal intencionado de Ariadna Montiel contra el diputado federal José Narro Céspedes: pidió, en plena ceremonia, le pidió al médico zacatecano calmar a sus simpatizantes, cuando el grito de descontento era generalizado.
Ariadna Montiel necesita urgentemente un culpable, al que después calificará hasta de traidor, pero lo escogió mal porque Narro cuenta con la gran mayoría de los zacatecanos. Montiel debe tener un enemigo para culpar de cualquier inconformidad y reducir la protesta generalizada a un solo estado.
La autocrítica no implica que quienes la expresan desean la imposible derrota de Morena; esto lo saben en la cúpula partidista, de ahí la posibilidad de rectificar y desandar un camino por el que nunca debió transitarse.


