
Prevenir es mucho más que hablar
En México hemos comenzado a hablar del suicidio de una manera que, hace algunos años, parecía difícil. La palabra aparece hoy con mayor frecuencia en campañas, escuelas, universidades, instituciones de salud y medios de comunicación. Romper el silencio es importante porque el estigma puede convertirse también en una barrera para pedir ayuda.
Pero hablar del suicidio no basta. La pregunta que debemos hacernos en este 2026 es otra: ¿estamos convirtiendo esa conversación en una verdadera política de prevención?
Las cifras obligan a mantener el tema entre las prioridades de salud pública. De acuerdo con los datos preliminares más recientes del INEGI, durante 2024 la tasa nacional de suicidio entre personas de 10 años y más fue de 6.8 por cada 100 mil habitantes.
La diferencia por sexo continúa siendo considerable: 11.2 por cada 100 mil hombres, frente a 2.6 entre las mujeres. Los grupos de 30 a 44 y de 15 a 29 años registraron las tasas más elevadas (INEGI, 2024).
Sin embargo, detrás de cada cifra existe una historia que comenzó mucho antes de una muerte. Una estadística nos dice cuántas vidas se perdieron, pero no alcanza a mostrar los intentos previos, la violencia, el aislamiento, los problemas familiares, el consumo de sustancias, los trastornos mentales, las dificultades económicas, las pérdidas, la discriminación o, quizá, a todas aquellas personas que necesitaron ayuda y nunca llegaron a recibirla.
¿Qué está haciendo México?
México cuenta con el Programa Nacional para la Prevención del Suicidio (PRONAPS), coordinado desde la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones (CONASAMA). Durante 2025 se impulsó, entre otras acciones, la campaña nacional Dale color a tu vida, acompañada de actividades deportivas, recreativas, talleres y ferias de salud.
La Secretaría de Salud ha insistido, además, en que la prevención no corresponde exclusivamente a los especialistas. Involucra a docentes, familias, comunidades y otros sectores sociales. Esta perspectiva es fundamental porque el suicidio no puede abordarse únicamente desde los consultorios: requiere una respuesta social y comunitaria (gob.mx).
Otro avance es el Código 100, una estrategia destinada a apoyar las decisiones clínicas frente al comportamiento suicida dentro de los servicios de salud. Sus herramientas contemplan la detección de ideación suicida, la valoración, la intervención, los planes de seguridad y la atención de personas que han realizado intentos (Manual de Procedimientos Código 100, gob.mx).
También está la Línea de la Vida (800 911 2000), disponible las 24 horas. En 2025 se reportó su reconfiguración tecnológica y la participación de alrededor de 50 profesionales. Entre enero y principios de julio de ese año se habían proporcionado más de 115 mil orientaciones telefónicas sobre salud mental y adicciones (sil.gobernacion.gob.mx).
A esta red se suman los Centros Comunitarios de Salud Mental y Adicciones (CECOSAMA), concebidos como establecimientos de atención especializada en el primer nivel, con perspectiva comunitaria, de derechos humanos, género e interculturalidad. Cualquier persona con una problemática relacionada con la salud mental o el consumo de sustancias puede solicitar atención.
Para 2026, CONASAMA cuenta también con un Programa Anual de Trabajo alineado con el Plan Nacional de Desarrollo 2025–2030 y el Programa Sectorial de Salud 2025–2030, organizado alrededor de la rectoría, la capacitación, la investigación y la atención, entre otros componentes (gob.mx).
El reto es prevenir
Todo lo anterior es necesario. Pero debemos evitar confundir la existencia de campañas, protocolos y servicios con haber resuelto el problema.
Una estrategia nacional de prevención debe funcionar también cuando un adolescente expresa ideación suicida un viernes por la noche; cuando una familia no sabe qué hacer después de un intento; cuando un maestro identifica señales de riesgo en uno de sus alumnos; cuando una mujer que vive violencia siente que no encuentra salida; o cuando una persona pide ayuda y descubre que la atención especializada no está disponible con la rapidez que necesita.
Ahí se juega buena parte de la verdadera prevención.
México ha avanzado y hoy existe una conversación pública mucho más abierta. El siguiente paso consiste en asegurarnos de que, detrás de esa conversación, exista una red capaz de responder de manera oportuna, cercana y continua.
Porque prevenir no significa solamente hablar. Significa estar preparados para escuchar, intervenir y acompañar.


