Postigo: Las marionetas de Trump y la censura
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Postigo: Las marionetas de Trump y la censura

José García Sánchez
José García SánchezColumnista de Opinión5 de agosto de 2026 a las 18:15 h

Como si se les hubiera convocado a formar una fila, los mentirosos que cobran en los medios y en la oposición, surgieron de las sombras de la difamación uno a uno rechazando una regulación para evitar las mentiras en los medios. Ahí estaban los mercenarios de siempre, que se sintieron aludidos a la hora de nombrarlos mentirosos y calumniadores; todos ellos en sus medios alzaron la voz de manera espontánea, defendiendo el último bastión del pasado, la mentira.

Formados, con la disciplina que solo el fascismo puede mostrar, aparecieron todos: Ciro Gómez Leyva, Joaquín López Dóriga, Carlos Loret de Mola, Luis Cárdenas, Adela Micha, Brozo, la fauna de TV Azteca, Pepe Cárdenas, Carmen Aristegui, Lourdes Mendoza, Salvador García Soto, Raymundo Riva Palacio, Leo Zuckerman. Llama la atención que entre la fila del terror haya aparecido el congresista republicano Carlos Giménez, Representante del Distrito 28 de Florida desde 2020, único miembro actual del Congreso de Estados Unidos nacido en Cuba y primer bombero-paramédico de carrera en ocupar un escaño en el Congreso.

Su rechazo a la regulación para que los medios mexicanos adviertan a su público cuando se trata de una interpretación u opinión y no un hecho consumado, se hizo público con la permanente contribución de los medios convencionales de ambos lados de la frontera, de tal suerte que resonó su opinión en ambos países.

El congresista afirmó que la presidenta de México intenta “socavar” la política de presión de la administración de Trump sobre Cuba, pero además calificó de “desgobierno corrupto” a su administración.

Estados Unidos está dejando solo al presidente y cada día son menos los republicanos que lo apoyan. Los ciudadanos han mostrado su total rechazo a la administración de un delirante presidente que no ha llegado a cumplir ningún proyecto anunciado, y la economía de los estadounidenses está cada día peor.

Una encuesta publicada por CNN muestra una popularidad del 27 por ciento; es de ir, un rechazo a su política del 73 por ciento, frente a unas elecciones en las que tendría que ser apoyado por lo menos por la mitad del Congreso, cuando en realidad muchos de los republicanos votarán por un juicio político luego de los comicios de noviembre.

La desesperación suele provocar declaraciones radicales y esta es la causa de la violencia verbal del congresista republicano, que confunde la diferencia de ideas con enemistad y la confrontación de pensamiento con lucha a muerte, como en la época de las cavernas.

Las declaraciones subidas de tono no pueden fluir por los medios sin un dique de contención oficial, como el que en su momento hiciera público el presidente de la comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados de nuestro país, Pedro Vázquez Rodríguez, en un lenguaje que muestra la altura de miras de todo legislador que representa con dignidad a la población y es reflejo de una política civilizada. En una misiva que señala: “Rechazo categóricamente y atribuyo sus declaraciones y descalificaciones con las que acostumbra a dirigirse, en esta y otras ocasiones, a la presidenta de los Estados Unidos Mexicanos, la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, a su falta de conocimiento histórico y democrático, así como de la realidad actual de nuestro país. No comparto sus ideas, pero respeto su opinión que manifiesta al proceso de la Revolución Cubana. Cabe decir que es uno de los más gloriosos e importantes cambios del siglo XIX y XX, debido a que se independizó primero de España y después de la ocupación gubernamental estadounidense, una de las más longevas del mundo, quien lo ha condenado a un bloqueo histórico de más de medio siglo.”

La declaración de Giménez debe tener la anuencia de Marco Rubio, quien es el poder tras el trono, es decir, es el titiritero de Trump, al mismo tiempo que es títere de Netanyahu. Si la declaración no fue sugerencia de Rubio, su silencio acusa complicidad en el agravio.

Es decir, no se trata solo del delirante comentario de un congresista herido en su orgullo por no vivir en su país, sino como parte de un proyecto orquestado con mucha precisión, donde cada declaración de ese tipo está medida para calibrar reacciones e identificar enemigos y aliados. El golpe de estado camina. Ninguno de los nombrados, líneas arriba, desconoce este objetivo.

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