
Cuando pedir ayuda no basta
Durante años, una buena parte de las campañas de salud mental ha colocado el mensaje en la persona que sufre: habla, pide ayuda, no te quedes callado.
Es un mensaje necesario, pero insuficiente.
También deberíamos preguntarnos: ¿qué ocurre cuando finalmente pide ayuda?
¿Encuentra atención accesible? ¿Su familia sabe cómo responder? ¿La escuela cuenta con un protocolo? ¿El profesional está capacitado para evaluar el riesgo suicida? ¿Existe seguimiento después del alta hospitalaria? ¿Alguien vuelve a contactar a la persona después de la crisis?
Estas preguntas nos llevan al centro de un desafío que suele quedar fuera de las campañas: la continuidad del cuidado.
Una estrategia de prevención efectiva necesita fortalecer la capacitación de profesionales y primeros respondientes, la detección temprana en las escuelas y la atención primaria, la coordinación entre instituciones y la atención posterior a un intento. También requiere planes de seguridad, mecanismos de seguimiento y servicios de posvención para las familias y comunidades afectadas.
No basta con decirle a una persona que pida ayuda si, cuando finalmente reúne la fuerza para hacerlo, encuentra un sistema que no está preparado para responder.
La prevención contemporánea necesita cambiar esa lógica. No podemos colocar toda la responsabilidad sobre alguien que puede encontrarse atravesando desesperanza, agotamiento o una profunda sensación de no tener alternativas.
El mensaje debería evolucionar de “si estás mal, pide ayuda” hacia una responsabilidad colectiva:
“Si estás sufriendo, queremos que puedas decirlo; y cuando lo hagas, necesitamos estar preparados para responder”.
El 10 de septiembre no puede ser suficiente
En unas semanas veremos edificios iluminados, moños amarillos, conferencias, publicaciones y mensajes con motivo del Día Mundial para la Prevención del Suicidio. Todo ello ayuda a visibilizar un problema que durante mucho tiempo estuvo rodeado de silencio.
Pero la prevención se demuestra también el 11 de septiembre, cuando termina la campaña.
Se demuestra en el presupuesto destinado a salud mental, en los tiempos de espera, en la capacitación del personal, en las escuelas que cuentan con protocolos, en el seguimiento de quien sobrevivió a un intento y en la capacidad de una comunidad para reconocer el sufrimiento antes de que se convierta en una emergencia.
También se demuestra en algo aparentemente sencillo, pero decisivo: que una persona sepa a quién acudir y encuentre a alguien preparado para recibirla.
México ha avanzado. Existen programas, protocolos, servicios comunitarios y una conversación pública que antes era mucho más limitada. Eso debe reconocerse.
Pero avanzar también significa reconocer lo que falta.
El siguiente paso es pasar de la sensibilización a la construcción de sistemas capaces de cuidar; de los mensajes aislados a las redes de apoyo; de la respuesta ante la crisis a la detección oportuna.
La prevención del suicidio no puede reducirse a una campaña, una conferencia, una publicación ni una fecha conmemorativa.
Prevenir significa construir, todos los días, las condiciones para que pedir ayuda encuentre una respuesta.e tu artículo aquí...


