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mayo 13, 2026Fin al maltrato animal
Por José García Sánchez
Nunca sobra una postura más en defensa de los animales frente a sus derechos y ante un habitualmente impune maltrato.
Cuyo castigo no solo debe ser mucho más severo, sino implicar una investigación profunda sobre sus alcances peligrosos para la sociedad.
Maltrato animal y violencia social
La agresión de los detractores la define la supuesta superioridad ante los vulnerables. La debilidad del ser vivo que tienen enfrente crea satisfacción y puede pasar de agredir a un animal a maltratar a un menor.
Todavía existe la añeja idea de que las mujeres son seres vulnerables y, por lo tanto, víctimas de quienes mantienen conductas agresivas contra los seres supuestamente frágiles según su criterio.
Prueba de ello es la carencia total de culpa de los feminicidas luego de haber perpetrado sus crímenes.
Relación entre violencia doméstica y maltrato animal
Estudios han encontrado correlaciones significativas entre el maltrato animal y la violencia doméstica.
Detectar a un agresor de animales domésticos significa prevenir delitos mayores contra seres humanos, independientemente del respeto que merecen los animales de parte de los humanos.
El abandono y la adquisición de mascotas elaborados con inteligencia artificial son una agresión.
Falta de sanciones y responsabilidad social
La falta de sanciones por tener perros sin correa, la impunidad ante no levantar sus desechos, la responsabilidad de tenerlos en un lugar seguro y con alimento, son cuestiones cuya inexistencia debería ser corregida y castigada.
Un agresor de animales puede producir un crimen mayor, incluso de desenlace fatal.
El maltrato animal como expresión de poder
El maltrato animal es una forma de expresión de poder o control; de ahí que pueda extenderse sin discriminar el objetivo de la agresión.
Los maltratadores pueden sentirse impotentes en otros aspectos de su vida y recurrir al maltrato animal como una forma de reafirmar su dominio.
Al ejercer violencia sobre un ser más vulnerable, buscan recuperar el poder que les falta en su vida.
El maltrato animal puede ser visto como una forma de expresar frustración o ira, una manera de recuperar el control en un mundo que perciben amenazante.
Infancia, trauma y reproducción de violencia
No es menor la preocupación por las mascotas y otros animales que redunda en maltrato a niños, quienes son vulnerables al temor de denunciarlos y fáciles de manipular en su silencio.
A menudo, estos individuos han padecido agresiones, algún tipo de trauma o abuso en su infancia, lo que les ha llevado a reproducir patrones de violencia en sus interacciones con quienes consideran vulnerables.
Agresores que también deben ser vigilados
Los agresores no solo son delincuentes que merecen castigo; también son víctimas que deben ser estudiadas y vigiladas antes de convertirse en algo más grave, con seguimiento permanente y restricciones concretas.
Las redes sociales se han convertido en una manera de llamar la atención sobre el maltrato a animales, donde se les tortura tratando de conseguir visibilidad, exhibiendo crueldad impune en la gran mayoría de los casos.
Corridas de toros y espectáculos violentos
Mientras haya espectáculos con maltrato animal, su sanción no será suficiente.
Tal es el caso de las peleas de gallos, charreadas y corridas de toros, espectáculos cuya supuesta identidad no remite al nacionalismo ni a la identidad mexicana, sino al inicio de los tiempos, cuando la barbarie era parte de la vida cotidiana.
Por lo regular, este tipo de acciones violentas son protagonizadas por personas conservadoras, ávidas de control sobre los demás; es decir, donde el poder sobre otros es constante, necesario e indispensable en sus vidas.
Benito Juárez y la prohibición de las corridas
Las corridas de toros fueron prohibidas en México el 28 de noviembre de 1867 por decreto de Benito Juárez, quien las calificó de “bárbara costumbre”, hace más de 150 años, contra la voluntad de los conservadores de la época que gozaban con la tortura de un ser vivo.
La prohibición duró hasta el 17 de diciembre de 1886, cuando el Congreso permitió su restauración ante la necesidad de recaudar impuestos y pagar el desagüe de la Ciudad de México.
Esta era una reclamación que le exigían los capitalinos al presidente Porfirio Díaz, quien era aficionado a las corridas de toros.
Conservadurismo y “fiesta brava”
Los progresistas no son aficionados ni simpatizantes de las corridas de toros. Son espectáculos propios de quienes consideran que el poder sobre otros, principalmente vulnerables, los convierte en seres superiores.
El público de esta masacre es mayoritariamente conservador.
En su reciente visita, Isabel Díaz Ayuso apoyó la fiesta brava en la Feria de Aguascalientes con dinero de los madrileños, lo cual provocó el rechazo de parte de la población en España.
Ayuso debía asistir a un evento en la Plaza de Toros Monumental, donde sostendría un encuentro con integrantes de la comunidad taurina local y nacional para demostrar con su presencia su apoyo a la llamada fiesta brava.
Previo a esta frustrada reunión, la gobernadora panista Tere Jiménez reiteró el respaldo de su administración a la fiesta brava, destacando su relevancia para la identidad del estado y su impacto en sectores como turismo y economía.
Añadió la panista que la tradición taurina representa una parte esencial de las raíces culturales de Aguascalientes y contribuye a posicionar a la entidad a nivel nacional e internacional.
Es decir, el maltrato animal como foco turístico de atracción.
Psicología del espectador taurino
El psiquiatra Vicente Suárez define con exactitud lo que sucede en la mente de quienes agreden a los animales en el ámbito de la corrida de toros:
“El hecho de la muerte del toro representa, en el inconsciente del espectador, el dominio, el total manejo, el triunfo del torero por haberse hecho dueño del poder, de la fuerza sexual que es lo simbolizado por el toro”.
El maltrato animal como señal de alerta
La mayoría de maltratadores de animales fueron víctimas de abuso en su infancia. La falta de apoyo emocional y la violencia familiar pueden contribuir al desarrollo de comportamientos abusivos.
En entornos con poca preparación académica, el maltrato puede ser visto como un acto de valentía o aceptación social.
Estudios han demostrado que las personas que maltratan animales tienen una mayor probabilidad de involucrarse en comportamientos violentos hacia otros humanos.
El maltrato animal es un indicador temprano de tendencias violentas en el comportamiento humano.
Los criminólogos han señalado que muchos criminales violentos mostraron comportamientos de maltrato animal en su juventud.
Esto puede servir como señal de alerta para identificar a individuos que podrían estar en riesgo de cometer actos violentos en el futuro.
Conclusión: leyes más estrictas y prevención
Por lo tanto, es crucial que se tomen medidas para abordar el maltrato animal no solo como un problema en sí mismo, sino como un síntoma de problemas psicológicos más amplios.
Es necesario que existan leyes más estrictas que penalicen el maltrato animal con mayor rigidez y se apliquen de manera efectiva.
La falta de consecuencias legales puede perpetuar la cultura de la violencia hacia los animales.


