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La violencia adolescente surge de factores familiares, sociales y digitales. Conoce sus causas y las claves para prevenirla desde casa
La violencia adolescente surge de factores familiares, sociales y digitales. Conoce sus causas y las claves para prevenirla desde casa, escuela y sociedad.
Por Dra. Joselyn Lugo* La violencia adolescente no comienza en el aula; se construye en la intersección entre la familia, el entorno social y los espacios educativos. Comprender este fenómeno implica mirar más allá de los hechos visibles y analizar sus raíces.
En el contexto familiar es donde se configuran las primeras formas de vincularse con el mundo: cómo se expresa el enojo, cómo se resuelven los conflictos, qué lugar tiene la empatía y qué tan presentes están los adultos emocionalmente.
No se trata de culpabilizar a las familias, pero sí de reconocer que la ausencia de contención, la normalización de la violencia o la desconexión emocional pueden dejar a los jóvenes sin herramientas para procesar su malestar. En muchos casos, la violencia adolescente surge como una forma de expresar lo que no se puede comunicar de otra manera.
Ese “otro lugar” donde los adolescentes buscan sentido suele ser el entorno digital. Ahí, el malestar no sólo encuentra eco, sino que puede transformarse en identidad. Discursos como los del fenómeno incel no aparecen en el vacío: capturan a jóvenes que ya se sienten rechazados o frustrados, y les ofrecen una narrativa que explica su dolor, pero que también puede dirigirlo hacia el resentimiento. En este contexto, la violencia adolescente puede amplificarse sin mediación adulta.
A nivel social, tampoco se puede ignorar el entorno. Crecer en espacios donde la violencia forma parte de lo cotidiano implica interiorizar mensajes implícitos: que la agresión es una respuesta válida o que el otro representa una amenaza. Este contexto no determina la conducta, pero sí influye en cómo se manifiesta la violencia adolescente y en su normalización.
La escuela no es el origen
La escuela, no es el origen del problema, pero sí es uno de los pocos espacios donde todavía existe la posibilidad de intervenir. Sin embargo, pedirle a la escuela que contenga lo que la familia y la sociedad no están sosteniendo es una carga desproporcionada. La prevención real requiere una mirada compartida:
- Familias que aprendan a escuchar más allá de la conducta.
- Escuelas que desarrollen capacidades reales de detección y contención emocional.
- Una sociedad que deje de minimizar la salud mental en adolescentes.
- Y sistemas que regulen y acompañen los entornos digitales donde los jóvenes construyen identidad.
Sí se puede prevenir
La prevención requiere una mirada compartida: familias que escuchen más allá de la conducta, escuelas con capacidades de detección emocional, una sociedad que deje de minimizar la salud mental y sistemas que regulen los entornos digitales. Solo así se podrá reducir la violencia adolescente y evitar que sus consecuencias escalen.
Si pretendemos que estos casos no se repitan, el cambio no puede centrarse en un solo espacio. Tiene que ser familiar, social y educativo al mismo tiempo. Porque cuando uno de estos falla, los otros difícilmente logran compensarlo. Y cuando fallan los tres, el riesgo deja de ser invisible… y se vuelve tragedia.
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La Dra. Joselyn Lugo es psicóloga y especialista en salud mental, maestra y doctora en salud pública, directora del Centro de Atención Psicopedagógica, A. C. organización especializada en la atención de abuso sexual infantil, suicidio infantil y adolescentes. WhatsApp.: +52 55 4919 7720


