
Alzheimer, cáncer y el fin de la resignación médica
febrero 5, 2026La derecha con Epstein (fuertes imágenes)
Postigo
Por José García Sánchez
Cuando la Revolución Cubana triunfó en 1959, y antes de declararse socialista en abril de 1961, la prensa estadounidense difundió uno de los relatos más extremos de la Guerra Fría. A través de su poderoso aparato mediático, se instaló la idea de que en Cuba existía tal nivel de pobreza que “se comían a los niños”. Ese discurso no fue anecdótico. Sirvió como justificación moral para el embargo comercial impuesto el 3 de febrero de 1962.
Más de seis décadas después, ese relato regresa de forma inquietante, pero desde otro lugar. No como propaganda contra un país, sino como escándalo judicial y político que involucra a miembros de las élites económicas y políticas de Occidente. El caso Jeffrey Epstein no solo expuso redes de abuso sexual, explotación de menores y tráfico de personas, sino también la hipocresía estructural de quienes durante décadas se presentaron como defensores de la civilización, la moral y los derechos humanos.
Epstein y el poder sin límites
El nombre de Jeffrey Epstein es ya un símbolo. No importa tanto la figura individual como lo que representa. Su red reveló una trama de poder donde convergieron magnates financieros, políticos influyentes, empresarios y figuras de la derecha internacional. Los expedientes judiciales, testimonios y registros oficiales documentan prácticas de abuso sistemático, encubrimiento y privilegio.
Las acusaciones incluyen pederastia, violaciones, tráfico de menores y desaparición de pruebas. No se trata de rumores, sino de procesos judiciales, acuerdos extrajudiciales y documentos desclasificados que muestran cómo el poder económico y político operó durante años sin consecuencias reales.
Denuncias silenciadas y desprecio social
En México, un caso sigue siendo incómodo para ciertos sectores. En 2009, Gabriela Rico Jiménez, entonces de 21 años, denunció públicamente hechos ocurridos en una fiesta de élite en un hotel de Monterrey. Sus declaraciones fueron ridiculizadas, desestimadas y rápidamente borradas del debate público. La reacción fue inmediata: desacreditar, aislar y silenciar.
Más allá de la veracidad puntual de sus afirmaciones, el patrón es conocido. Cuando una denuncia toca intereses de élite, la respuesta no es investigar, sino destruir la credibilidad de quien habla. Ese mecanismo se repite una y otra vez en sociedades donde el dinero sustituye a la verdad.

La lista Epstein y la reacción de la derecha
Cuando se hicieron públicos los archivos judiciales relacionados con Epstein, la reacción de la derecha internacional fue reveladora. La indignación no se dirigió a los crímenes documentados, sino al hecho de que los nombres que aparecían pertenecían, en su mayoría, a figuras del conservadurismo político y económico.
En lugar de asumir responsabilidades o exigir explicaciones, se optó por una estrategia conocida: desviar la atención. Medios afines difundieron información falsa, intentando vincular a líderes de izquierda con la red de Epstein. Esas versiones fueron rápidamente desmentidas por documentos oficiales, pero cumplieron su función momentánea de confusión.
Manipulación y desinformación
Uno de los ejemplos más burdos fue la tergiversación de siglas presentes en los documentos. En los archivos de Epstein aparece la abreviatura “AMLO”, que algunos medios intentaron asociar al expresidente de México. Sin embargo, en los propios documentos se aclara que se trata de un cargo administrativo relacionado con prevención de lavado de dinero: Anti-Money Laundering Officer.
Los nombres reales vinculados a la red aparecen siempre con nombre y apellido. La manipulación de siglas fue una operación deliberada de desinformación.
Normalizar lo impensable
Mientras estos escándalos se acumulan, ciertos sectores de la derecha avanzan hacia posiciones cada vez más extremas. En Argentina, legisladores del entorno ideológico de Javier Milei han llegado a plantear públicamente la mercantilización de menores bajo la lógica del “libre mercado”. No es una anécdota. Es una señal de hasta dónde puede llegar una visión del mundo que reduce todo, incluso la vida humana, a transacción.
Este discurso no surge en el vacío. Es coherente con una estructura de poder que históricamente ha justificado esclavismo, explotación, violencia y deshumanización, siempre que se ejerza desde arriba.
El verdadero escándalo
El escándalo no es solo Epstein. El escándalo es la normalización del abuso cuando proviene de los poderosos. Es la capacidad de ciertos grupos para construir relatos morales mientras encubren prácticas que dicen condenar. Es la facilidad con la que se acusa a pueblos enteros de barbarie mientras se protege a criminales dentro de las élites.
Durante décadas se habló de canibalismo simbólico para justificar bloqueos y sanciones. Hoy, lo que queda expuesto es algo peor: la depredación real de los más vulnerables por parte de quienes se asumieron dueños del mundo.


