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marzo 26, 2026Jacarandas: una historia florecida
Las jacarandas no solo adornan calles, también cuentan una historia de migración. Tatsugoro Matsumoto las sembró como símbolo de armonía
Las jacarandas no solo adornan calles, también cuentan una historia de migración, adaptación y visión. Tatsugoro Matsumoto las sembró como símbolo de armonía
Por Rolando Quezada.– Entratándose de la salud de uno, de la salud del cuerpo y de la mente, es harto recomendable la meditación, la serenidad, la buena alimentación, apagar la televisión, apartarse del celular y ponerse a contemplar, a admirar el valle, el horizonte, el cielo o los árboles.
Estamos en los días de que tal contemplación nos sorprenda la visión gustosa de las jacarandas en flor. Esos tonos azulados que aligeran el pensamiento y apaciguan el sentimiento, estallan en las copas de unos árboles, tan propios de nuestra cotidianidad que resulta sorprendente enterarse que tienen un origen peculiar relacionado con un país muy lejano.
Érase una vez…
Érase que se era un muchacho japonés que provenía de una familia que cultivaba el arte de la jardinería. Tatsugoro, de nombre y Matsumoto, de apellido. Cuidaba los jardines del palacio imperial y a sus veinticuatro años fue invitado a Perú para diseñar el jardín del respectivo cónsul en Japón. Construyó un jardín, con lagos, cascadas y los característicos caminos sinuosos japoneses.
Cerca de 1890, Matsumoto realizó algunos encargos en Estados Unidos y México, donde trabajó para las élites hasta ser llamado por Porfirio Díaz en 1900 para diseñar los jardines del Castillo de Chapultepec.
Pasada la Revolución, Matsumoto se mantuvo fiel a su oficio y el gobierno le encargó plantar cerezos japoneses, pero él sabía que no resistirían el calor ni la altura de la ciudad. En su lugar propuso un árbol florido nativo de Sudamérica: la jacaranda. Tatsugoro popularizó las jacarandas sembrándolas en avenidas como el Paseo de la Reforma y las colonias Roma y la Condesa.
Al igual que los cerezos, las jacarandas florecen esplendorosamente sólo durante la primavera celebrándola floridamente por dos o tres meses. Al comienzo del verano, su follaje se vuelve contundentemente verde y permanece hasta el invierno cuando la esencia de este árbol paradigmático, casi esotérico, nos revela la forma impredecible de su tronco y sus ramas retorcidas, renuentes a la verticalidad y un poco oscuras, casi lúgubres.
Árbol de paz
Dicho con respeto, la jacaranda supera el encanto de los cerezos japoneses porque además de su esplendor, la jacaranda es generosa con su sombra y misteriosa en su caprichosa complexión.
Y como los derroteros de la vida son cuestión inopinada, aunque los cerezos japoneses no arraigaron en México, los Matsumoto sí. Junto con las jacarandas, Tatsugoro se mudó acá y se compró una hacienda en Temixco, Morelos, donde incluso refugió a algunos compatriotas suyos durante la Segunda Guerra Mundial. Plantó jacarandas a tutiplén como quien siembra la concordia y la paz, agregando alegría al paisaje del estado de la eterna primavera.
Huelga agregar que Tatsugoro Matsumoto fue el japonés más jacarandoso de la historia.



