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enero 3, 2026El regreso a la barbarie
En la 80ª Asamblea de la ONU se habló de un cambio de cultura, de liderazgo: el llamado a que la próxima Secretaría General sea encabezada por una mujer no es una concesión simbólica, sino una exigencia estructural
Postigo
Por: José García Sánchez
Una derecha sin líderes
La derecha internacional está tan necesitada de referentes que hasta un pederasta puede ser elevado a paladín de su democracia.
El ascenso de Donald Trump como supuesto libertador no solo normaliza la violencia, sino que entierra a la ONU y confirma que la OEA opera como una simple oficina de la Casa Blanca.
El vacío de liderazgo global
Ante esta situación, resulta urgente que Brasil, Colombia y México actúen de forma coordinada para detener la masacre que hoy se justifica desde el discurso de la “democracia”.
La desaparición virtual de la ONU exige un liderazgo inmediato en América Latina. No uno unipersonal, sino compartido, sólido y legítimo.
Un liderazgo con respaldo popular
Qué mejor que ese liderazgo esté encabezado por mandatarios con respaldo mayoritario en sus países:
- Claudia Sheinbaum Pardo
- Luiz Inácio Lula da Silva
- Gustavo Petro
Nunca antes la aprobación de estos gobiernos había sido tan alta. Esa legitimidad obliga a pensar y actuar con rapidez.
La pasividad política
En este contexto, Morena debe convocar de inmediato a una movilización. Su lectura de la realidad internacional ha estado aletargada en los últimos meses.
Al mismo tiempo, la voluntad de los pueblos para elegir libremente a sus mandatarios está siendo herida de muerte. Muere por vejez el mito del Premio Nobel como garantía moral. Muere también la ficción de que Estados Unidos representa una democracia.
Una derecha decadente
Son muchos los muertos y los falsos héroes que surgen para sostener a una derecha en decadencia. Han ganado batallas, pero no el sentido de la historia.
Trump aparece arrinconado por su desprestigio personal y por una crisis económica cuya dimensión él mismo desconoce. Una crisis creada por la fantasía de una potencia que ya no existe como tal.
El tiempo detenido
La barbarie ya mostró su caducidad histórica. Pero los conservadores viven anclados al pasado. No entienden que el reloj de la historia se les detuvo.
Trump pertenece a la época de las cavernas. Y desde ahí pretende gobernar el presente.
La derecha mexicana y el delirio
Asombra —aunque ya no sorprende— la avidez de la derecha mexicana. En redes sociales solicitan la intervención militar y el bombardeo de México, así como la detención inmediata de Andrés Manuel López Obrador y de la Presidenta.
Esa desinformación solo puede explicarse desde la ignorancia histórica.
El caso venezolano
La sonrisa socarrona de María Corina Machado en días recientes anunciaba algo grave. Sin embargo, ignora que tampoco le sirve a Estados Unidos.
Su última batalla —perdida— fue intentar obtener el Premio Nobel de la Paz, cuyo comité es corresponsable de la agresión contra Venezuela.
Celebrar la muerte ajena
La derecha mexicana celebra los ataques a ciudades venezolanas como victorias propias. Lo hace mientras sus partidos pierden militancia y se llenan de farsantes.
El número de víctimas civiles aún no se ha dimensionado. Pero hay decenas de niños, mujeres, ancianos y trabajadores entre los muertos.
Medios y complicidad
Habrá que felicitar a los grandes triunfadores: los medios convencionales, dentro y fuera de Venezuela, dentro y fuera de México.
Como ocurrió con Hiroshima en 1945, cuando más de 150 mil personas fueron asesinadas, los medios aplauden y sus escribanos se celebran a sí mismos.
Los comentócratas se abrazan. Secuestran una victoria que jamás imaginaron obtener.
Primicias manchadas de sangre
No es casual que horas después del ataque los medios mexicanos contaran con información privilegiada sobre el paradero de Nicolás Maduro y de su esposa Cilia Flores.
La urgencia de la razón
Lo urgente es construir un liderazgo de la razón, la civilidad y la paz.
Dejar atrás la falacia de la ONU y de sus organismos ya capturados. Incorporar, con legitimidad histórica y jurídica, un contrapeso real que resista —con la ley internacional en la mano— los embates de la barbarie.


