
Senado frena ingreso de tropas de EU a México
enero 4, 2026
Tampoco en Venezuela hay oposición
enero 6, 2026Venezuela: más preguntas que banderas
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, denunció que una red de coyotes de la ultraderecha promueve la migración irregular.
Columna de opinión: Ingeniería Política
Por: Aldo San Pedro
Un quiebre que reordenó el tablero
En cuestión de horas, Venezuela pasó de ser una crisis prolongada y aparentemente inmóvil a convertirse en el epicentro de una sacudida internacional. La captura de Nicolás Maduro, atribuida a una operación directa del gobierno de Estados Unidos, rompió un equilibrio precario sostenido durante años por sanciones, aislamiento, retórica y desgaste interno.
No fue una transición negociada. Tampoco una revuelta interna ni una decisión multilateral. Fue un acto abrupto que aceleró los tiempos, desordenó el tablero y colocó a millones de personas frente a una avalancha de versiones, juicios inmediatos y exigencias de tomar partido.
Mientras los titulares hablaban de invasión o liberación, de justicia o saqueo, en casas, trabajos y sobremesas se repetía una sensación común: nadie tenía del todo claro qué pensar.
¿Fue bueno o fue malo?
La primera pregunta apareció casi de inmediato.
¿Esto fue bueno o malo?
La respuesta honesta es que no cabe en una sola palabra. Para una parte importante de la población venezolana, el régimen que cayó había cerrado todas las salidas internas: elecciones sin credibilidad, instituciones erosionadas y una crisis social que expulsó a millones de personas. Desde ese lugar, el fin de ese poder se siente como un alivio.
Pero la forma en que ocurrió introduce una grieta inquietante. Las reglas creadas para proteger a los países más débiles fueron quebradas por una potencia que decidió actuar fuera de los mecanismos tradicionales. El hecho puede aliviar y preocupar al mismo tiempo. Ambas cosas pueden ser ciertas.
¿Estados Unidos hizo lo correcto?
La siguiente duda fue inevitable.
¿Estados Unidos actuó correctamente?
Planteada así, la pregunta exige una respuesta moral que la política internacional rara vez ofrece. Estados Unidos no actúa como héroe ni como villano. Actúa como potencia.
Las potencias intervienen cuando consideran que el costo de no hacerlo es mayor que el de actuar. En este caso, el colapso venezolano ya producía efectos regionales reales: migración masiva, economías ilícitas, presión sobre mercados e inestabilidad difícil de contener solo con sanciones y discursos.
Comprender esa lógica no equivale a justificarla, pero evita lecturas ingenuas.
¿Fue por ayuda o por petróleo?
La sospecha siguiente tampoco tardó.
¿Lo hizo por solidaridad o por petróleo?
La respuesta no es binaria. Venezuela es estratégica por sus recursos energéticos, y eso nunca es irrelevante. Negarlo sería ingenuo. Pero reducir todo al petróleo también es simplista.
Durante años, esos recursos estuvieron ahí sin ser plenamente aprovechables debido a sanciones, deterioro e incapacidad operativa. El verdadero interés no está solo en el recurso, sino en lo que viene después: quién decide cómo se reconstruye el país, bajo qué reglas, con qué controles y con qué grado de autonomía real.
El petróleo no explica todo, pero atraviesa todo.
La pregunta clave: ¿qué sigue ahora?
Conforme bajó el ruido inicial, apareció la pregunta más importante.
¿Qué va a pasar ahora, en serio?
En el corto plazo, lo urgente es evitar el vacío: mantener servicios básicos, algo de seguridad y mínima continuidad administrativa. En el mediano plazo, se abrirá la disputa real: si habrá una transición democrática profunda o solo un reacomodo del poder con nuevos rostros y viejas estructuras.
En el largo plazo, la pregunta será más dura: si Venezuela logra reconstruir instituciones propias o entra en una nueva forma de dependencia, ahora con respaldo externo. Ninguna captura sustituye la tarea de reconstruir un Estado.
La memoria latinoamericana
Entonces surge otra inquietud, cargada de historia.
¿Esto ya lo ha hecho antes Estados Unidos?
La respuesta es sí. América Latina lo sabe. Por eso la región reaccionó con cautela. No por ideología, sino por experiencia histórica.
Las intervenciones suelen prometer soluciones rápidas, pero dejan consecuencias largas. La historia regional está llena de episodios donde la excepción se volvió regla y el costo lo pagaron las sociedades locales, no quienes tomaron la decisión.
Más preguntas que respuestas
Así, la historia vuelve a su punto de partida. Venezuela no es solo un país en transición. Es un espejo incómodo de un mundo que está probando límites sin consensos claros.
El fin de un régimen no garantiza el inicio de un orden justo. Romper una regla puede parecer necesario en el momento, pero nunca es neutral para el futuro.
Entre la soberanía que falló y el rescate que irrumpe, el sistema internacional avanza sin certezas compartidas. Por eso, más que celebrar o condenar de inmediato, este episodio exige algo menos espectacular y más urgente: entender que lo ocurrido no solo redefine el destino de Venezuela, sino que anticipa las reglas bajo las cuales muchas otras naciones podrían ser juzgadas mañana.
Y esa historia apenas comienza.
Contacto del autor
📧 [email protected]
🐦 X: @a_snpedro
📸 Instagram: aldospm
📘 Facebook: Aldo San Pedro


