
Medios, madeja de corrupción
enero 26, 2026De Davos a la Junta de Paz: Trump y el nuevo orden mundial sin la ONU al centro
México denunció formalmente a Ecuador ante la ONU, solicitando su expulsión por violación de principios internacionales
Columna de opinión | Ingeniería Política
Por: Aldo San Pedro
Copete
Davos 2026 no fue solo un foro económico. Fue el escenario donde comenzó a mostrarse un reordenamiento del poder global. La propuesta de la Junta de Paz impulsada por Donald Trump evidenció una transición: el mundo ya no espera consensos amplios, exige acción inmediata, aun si eso desplaza a la ONU del centro del sistema internacional.
Davos 2026 y el cambio en el orden mundial
Cada enero, el Foro Económico Mundial funciona como un termómetro del poder global. Davos no firma tratados, pero anticipa decisiones. Lo que ahí se discute suele convertirse en política real meses después.
En 2025, Davos fue un espacio de diagnóstico. En 2026, fue distinto. Aparecieron propuestas que ya no buscan reformar el sistema, sino rodearlo con alternativas funcionales.
Ahí surgió la Junta de Paz.
Trump impulsa la Junta de Paz como alternativa operativa
La Junta de Paz (Board of Peace) fue presentada como respuesta a un problema evidente. Los conflictos armados se prolongan. Las crisis humanitarias crecen. Las instituciones multilaterales reaccionan tarde.
La propuesta plantea un mecanismo más reducido. No universal. Con membresía por invitación. Con liderazgo centralizado. Con decisiones rápidas.
No busca consenso amplio. Busca eficacia.
Ese enfoque marca una ruptura con la lógica tradicional de la ONU.
Cómo funcionaría la Junta de Paz
La Junta de Paz no pretende sustituir formalmente a Naciones Unidas. Su diseño apunta a actuar donde el multilateralismo se estanca.
Su peso dependería del compromiso político y financiero de los países miembros. La toma de decisiones sería más ágil. La rendición de cuentas, más interna que pública.
En términos simples, se sacrifica representatividad a cambio de velocidad.
Ese intercambio es el centro del debate global.
La crisis del multilateralismo y los límites de la ONU
La ONU conserva legitimidad normativa. Sus principios siguen siendo referencia. Pero su capacidad operativa enfrenta bloqueos constantes.
Vetos. Procesos largos. Resoluciones sin ejecución.
Davos 2026 confirmó algo clave. Ya no solo se habla de reformar el multilateralismo. Se están creando estructuras paralelas para suplirlo.
La Junta de Paz es el síntoma más visible de esa tendencia.
Geopolítica global: eficacia contra legitimidad
El debate no es moral. Es estructural.
Algunos países ven en la Junta de Paz una salida pragmática. Otros la consideran un riesgo para el derecho internacional. Ambas posiciones tienen fundamento.
El dilema es claro. ¿Es preferible actuar rápido sin consenso o mantener reglas que ya no producen resultados?
El mundo parece inclinarse, poco a poco, por la primera opción.
América Latina ante el nuevo escenario internacional
Desde México, este debate tiene implicaciones directas. La eficacia importa. Pero también importan la legalidad, la inclusión y la rendición de cuentas.
Un orden global basado solo en acción rápida puede resolver conflictos inmediatos, pero generar dependencias duraderas.
El reto no es elegir entre legitimidad o eficacia. Es evitar que una anule por completo a la otra.
La Junta de Paz como señal de transición global
La Junta de Paz no es una anomalía. Es una señal.
El sistema internacional está dejando de esperar consensos universales. Está privilegiando liderazgos capaces de ejecutar.
La ONU no desaparece. Pero corre el riesgo de quedar desplazada en la práctica si no logra adaptarse.
Davos 2026 no anunció el fin de la ONU, pero sí dejó claro que el centro del poder global se está desplazando. La Junta de Paz impulsada por Trump representa un orden internacional que prioriza la acción sobre el consenso y la eficacia sobre la representación universal. La ONU conserva legitimidad histórica, pero enfrenta el desafío más serio de su existencia: seguir siendo relevante en un mundo que ya no está dispuesto a esperar. El verdadero cambio no es la sustitución del sistema, sino su progresivo rodeo por mecanismos que, sin derrocarlo, pueden volverlo prescindible.


