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enero 17, 2026Cuando el sentido deja de ser exclusivo: la filosofía ante la ruta a la AGI
¿Estupidez natural u orgánica? El mundo entero está enloquecido por el temor a los alcances de la Inteligencia Artificial
Columna de opinión | Ingeniería Política
Por: Aldo San Pedro
Nombrar lo que aún no entendemos
A lo largo de la historia, las sociedades han tenido que aprender a nombrar aquello que todavía no comprenden del todo. Ocurrió con la máquina industrial, con la electricidad y con Internet. Hoy, ese momento vuelve a presentarse con la inteligencia artificial avanzada y la ruta hacia la Inteligencia Artificial General (AGI).
No se trata solo de una nueva tecnología. Estamos frente a un cambio en la forma en que se organiza la experiencia, se toman decisiones y se produce sentido. Cuando el lenguaje todavía no alcanza, la filosofía vuelve a ser necesaria.
Qué es —y qué no es— la Inteligencia Artificial General
La AGI no es una máquina consciente ni un sustituto del pensamiento humano. Es un sistema capaz de desempeñarse de manera general en múltiples ámbitos, aprender de distintos contextos y transferir conocimiento entre tareas.
A diferencia de la inteligencia artificial actual, que es especializada y limitada, la AGI funcionaría como una inteligencia de propósito general. Esa generalidad es lo que marca el verdadero cambio de modelo tecnológico.
Una adopción silenciosa, no un gran evento
En la vida cotidiana, la AGI no llegará como un acontecimiento espectacular. Lo hará a través de una acumulación de pequeñas transformaciones.
Sistemas que ya no solo recomiendan, sino que anticipan.
Plataformas que no solo ejecutan órdenes, sino que estructuran opciones.
Herramientas que no solo asisten, sino que delimitan el marco de decisión.
La AGI operará como una infraestructura silenciosa que organiza información, tiempos y posibilidades.
De herramientas a sistemas que ordenan la realidad
Aquí ocurre un desplazamiento clave. Pasamos de tecnologías entendidas como herramientas a sistemas que ordenan la realidad.
Ordenar implica clasificar, jerarquizar y excluir. Cuando un sistema define qué es relevante, qué es probable o qué es óptimo, está configurando el mundo operativo donde actuamos. No reemplaza la decisión humana, pero condiciona el campo de decisiones posibles.
La diferencia es sutil, pero profunda.
El problema del sentido frente al dato
Los sistemas de inteligencia artificial trabajan con datos, patrones y correlaciones. Las sociedades, en cambio, viven de significado, contexto y memoria.
El dato indica qué ocurre.
El significado explica por qué importa.
Cuando el rendimiento técnico se vuelve el criterio dominante, existe el riesgo de confundir eficiencia con comprensión. La filosofía permite separar esas capas y recordar que no todo lo que funciona explica, ni todo lo explicable debe automatizarse.
Filosofía como marco de comprensión tecnológica
Históricamente, la filosofía ha sido el espacio donde se elaboraron los conceptos necesarios para entender transformaciones inéditas. Ocurrió con el trabajo en la era industrial y con la relación entre técnica y poder en el siglo XX.
Hoy, vuelve a ser el lugar desde donde pensar sistemas que no piensan, pero organizan.
Que no juzgan, pero influyen.
Que no tienen conciencia, pero producen efectos reales.
Predicción, decisión y juicio no son lo mismo
Uno de los puntos más delicados es confundir predicción con juicio. La inteligencia artificial puede predecir comportamientos y ejecutar decisiones operativas con gran eficacia.
El juicio, en cambio, implica responsabilidad, interpretación y explicación. Delegar predicción no es lo mismo que delegar juicio. La filosofía permite trazar ese límite y entender por qué hay ámbitos que, aun siendo automatizables, no deberían perder su dimensión humana.
La velocidad también transforma la forma de entender el mundo
La adopción acelerada de estos sistemas no solo impacta el empleo o los mercados. También modifica la forma en que comprendemos la realidad.
Cuando el mundo se presenta filtrado por modelos técnicos, existe el riesgo de reducirlo a lo medible y lo optimizable. La filosofía no se opone a la técnica, pero introduce una pausa reflexiva: pregunta qué queda fuera cuando ciertos criterios se naturalizan.
Pensar antes de naturalizar
Este cambio tecnológico es inédito, pero no incomprensible. Estamos en una etapa previa a la estabilización conceptual. Todavía estamos construyendo el lenguaje para nombrar esta nueva relación entre humanos, sistemas y sentido.
La formación filosófica ofrece algo central en este tránsito: la capacidad de pensar antes de delegar, de comprender antes de automatizar y de decidir antes de acostumbrarnos.
El desafío no es detener la AGI, sino orientarla
La inteligencia artificial general no solo acelera procesos. Reconfigura el sentido desde el cual se toman decisiones.
El desafío no es frenar su avance, sino comprender cómo se integra a la vida cotidiana y qué tipo de mundo ayuda a construir. Si ese proceso ocurre sin reflexión, la eficiencia ocupará el lugar del juicio y la técnica el del sentido.
El momento para pensar ese marco no es después. Es ahora, mientras aún estamos a tiempo de darle nombre y dirección al mundo que empieza a emerger.


