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junio 12, 2026El impuesto que terminó protegiendo a México
Columna de opinión: Ingeniería Política
Por: Aldo San Pedro
Donald Trump asegura que la guerra está cerca de terminar. Irán responde que todavía no. Israel mantiene la presión militar. Los mercados reaccionan antes que los diplomáticos y el precio internacional del petróleo comienza a descender.
Mientras Washington, Teherán y Tel Aviv negocian el futuro del Estrecho de Ormuz, en México podría estar concluyendo una prueba silenciosa: la demostración de que un impuesto ampliamente cuestionado terminó convirtiéndose en uno de los principales mecanismos de protección económica del Estado.
El Estrecho de Ormuz y el impacto en los mercados
La expectativa de un acuerdo entre Estados Unidos e Irán concentra la atención mundial porque el Estrecho de Ormuz no es un punto cualquiera del mapa.
Por esa franja marítima circula aproximadamente una quinta parte del petróleo que se comercializa en el planeta. Cualquier amenaza de cierre altera los mercados, presiona la inflación y modifica el costo de los combustibles en cuestión de horas.
Bastó la posibilidad de una reapertura para que el West Texas Intermediate descendiera hasta 84.88 dólares por barril, incluso antes de un acuerdo definitivo.
Los diplomáticos seguían negociando; los mercados ya comenzaban a ponerle precio a la paz.
Estados Unidos, Irán e Israel: una crisis aún abierta
La historia, sin embargo, dista mucho de estar resuelta.
Trump sostiene que el entendimiento está prácticamente concluido. Irán responde con cautela y evita fijar una fecha para la firma.
Israel mantiene operaciones militares en Líbano y las diferencias con Washington han quedado expuestas.
Pakistán y otros actores regionales intentan mantener abiertas las negociaciones mientras cada declaración modifica las expectativas de los mercados internacionales.
El IEPS y la protección económica de México
Ese es el punto donde comienza la historia que realmente nos involucra.
Mientras la atención mundial permanecía sobre bombardeos, misiles y negociaciones, la Secretaría de Hacienda ajustó semanalmente los estímulos al Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS).
Para la semana del 13 al 19 de junio, el apoyo quedó establecido en 1.02 pesos por litro para la gasolina Magna, cero para la Premium y 2.88 pesos para el diésel.
Detrás de esas cifras existe una decisión de política pública cuya relevancia apenas comienza a dimensionarse.
¿Para qué sirve realmente el IEPS?
Durante décadas discutimos el IEPS casi exclusivamente como un impuesto que incrementaba el precio de las gasolinas.
Esta crisis obligó a formular una pregunta distinta: ¿para qué puede servir realmente un impuesto?
En los momentos de mayor presión internacional, el Gobierno decidió renunciar temporalmente a una parte de esa recaudación para evitar que una guerra ocurrida a miles de kilómetros terminara pagándose en el tanque de gasolina, en el transporte, en los alimentos y, finalmente, en el bolsillo de millones de mexicanas y mexicanos.
El IEPS dejó de ser únicamente una fuente de ingresos públicos.
Demostró que también puede funcionar como un instrumento de estabilización económica.
La lección fiscal que deja la crisis petrolera
Esa es la verdadera enseñanza de esta coyuntura.
La mayor lección quizá no sea militar ni diplomática. Podría ser fiscal.
Descubrimos que un instrumento diseñado para recaudar también puede utilizarse para absorber parte del impacto económico de una crisis internacional.
Diversos análisis estimaron que, de prolongarse el conflicto durante todo el año, la menor recaudación por estímulos al IEPS podría superar los 220 mil millones de pesos.
No fue una pérdida provocada por ineficiencia; fue una decisión deliberada para proteger la estabilidad económica del país.
El futuro del IEPS como herramienta anticíclica
Si el acuerdo entre Estados Unidos e Irán finalmente se consolidara, México no recibiría recursos extraordinarios.
Lo que ocurriría sería algo distinto: el Estado dejaría de renunciar gradualmente a una parte de la recaudación utilizada para amortiguar la crisis.
Ese espacio fiscal recuperado abriría una discusión mucho más importante que el simple restablecimiento del impuesto.
La experiencia podría aprovecharse para fortalecer fondos de estabilización, perfeccionar coberturas financieras, consolidar una planeación energética más estratégica y establecer reglas claras para utilizar el IEPS como un instrumento anticíclico cuando el entorno internacional vuelva a poner a prueba la economía nacional.
Conclusión: cuando un impuesto se convierte en resiliencia
Si el acuerdo entre Estados Unidos e Irán logra consolidarse, el mundo hablará de paz, petróleo y geopolítica.
México también debería hablar de las lecciones que una crisis internacional deja para el diseño de sus instituciones.
Durante estos meses, el IEPS demostró que puede ser mucho más que un impuesto: puede convertirse en un mecanismo de estabilización económica cuando las tensiones globales amenazan el bienestar de las familias.
La mayor aportación de esta experiencia no será haber contenido una coyuntura, sino haber demostrado que la política fiscal también puede ser una herramienta de resiliencia.


